Los hombres que queremos ser, el mundo que queremos construir

Hace muchos años, cuando era pequeño, veía pelis de vaqueros con mis padres.

A mi padre le gustan mucho los spaghetti western y mi madre prefería los clásicos de John Wayne, porque los veía cuando tenía mi edad con mi abuelo.

Una tarde, vimos McLintock! Es una película que termina con el personaje de John Wayne dándole una azotina al personaje de Maureen O’Hara después de humillarla por y delante de todo el pueblo.

Yo era pequeño y no me di cuenta de qué tenía de malo esa escena, pero sí recuerdo que mi madre dijo algo así como “madre mía, y veíamos estas películas como si fuesen lo más normal del mundo”. Eso sí que me hizo quedarme con la copla: lo que acababa de ver no era normal.

Solo años más tarde lo entendí todo. Sí, McLintock es una peli del oeste cómica pero eso no quita que la manera que tiene el vaquero de tratar a esa mujer no puede reflejarse en el mundo real.

Otra escena, de otra película, varios años después del capítulo anterior.

Max Rockatansky tiene que atinarle a un blanco en movimiento en plena noche. Dispara dos veces y falla. Solo le queda una bala. Imperator Furiosa se le acerca por detrás. No intercambian palabra, pero él se da cuenta de lo que tiene que hacer y le cede el rifle. Ella dispara y atina.

Para pensar en el hombre que queremos ser, podemos pensar en los hombres que no queremos ser.

Q.E.P.D., John. Hola, Max.

Para pensar en el hombre que queremos ser, podemos pensar en el mundo que queremos construir.

Hombres que hacen cosas

Yo creo que hay muchos hombres que queremos ser, o somos, de los que cuidan. De los que cuidan a sus familiares cuando lo necesitan. Hombres que están ahí cuando su madre se encuentra en lo peor de la depresión, que van a visitar a la abuela a la residencia siempre que pueden, que no se olvidan del cumple de su padre y le compran algo que no sea unos calcetines y que jamás se olvidarían de su hija a la salida del cole. Que cuidamos o queremos cuidar a nuestra pareja. La familia entendida ampliamente (tan amplia como queramos, ¡podemos incluir amistades o mascotas!) no depende ya de nosotros como proveedores, como quienes llevan el pan a casa, pero sí puede beneficiarse de nosotros en nuestro papel de cuidadores. Cuidemos, y cuidémonos.

Yo creo que muchos hombres sabemos que el racismo ya era una gilipollez en el siglo XIX, y que los migrantes y extranjeros que viven en nuestro país no son los que causan nuestros problemas. Es más: lo normal es que sea tu jefe el que te apriete las tuercas, te pague menos de lo que debería y encima quiera que le estés agradecido, no tu compañero peruano o la chica del departamento de al lado que es marroquí y lleva velo. Yo creo que muchos hombres sabemos que quienes pringan como nosotros son ellos y ellas, que ponen cafés, que cuidan a las personas mayores de nuestro entorno, que son ingenieras o técnicas de sonido, que conducen taxis o que están en el paro buscando trabajo. Estamos juntos en esto, juntos en ser curritos, trabajadores, y sabemos que juntos sumamos mucho más que separados, con huelgas de por medio o no.

Yo creo que muchos hombres somos autosuficientes en tareas básicas del día a día, de la vida, como la cocina o la limpieza del hogar, aunque no nos queden las lentejas tan buenas como las de mamá y nos dé pereza fregar los cacharros. Ya no necesitamos a una abuela que nos limpie los calzoncillos, ni una novia que nos empuje a fregar. O a lo mejor sí, todavía necesitamos el empujón, pero SABEMOS que tenemos que hacerlo nosotros, hacernos cargo de nosotros mismos. Igual que ellas dejaron hace mucho de depender económicamente de un marido, nosotros tenemos que dejar de delegar todos los cuidados en ellas. Y podemos hacerlo.

Yo creo que muchos hombres no nos dejamos hundir por el empeoramiento del medio ambiente. Aunque sabemos que es una tarea harto complicada, preferimos pensar en tener un mundo habitable dentro de unos años, aunque la temperatura media haya subido 2 grados, a abandonarnos al nihilismo de las películas apocalípticas. Sabemos que solo tenemos un planeta, y aunque nos cueste tratamos de cuidarlo. No cogemos el coche si podemos ir en metro.

Yo creo que muchos hombres sabemos que las mujeres no son menos que nosotros. También sabemos que las mujeres no son culpables de nuestros problemas. Aunque haya quien diga que el feminismo es un problema para los hombres, los problemas de los hombres no suelen tener que ver con las mujeres sino… con otros hombres, y con nosotros mismos. Nos dicen que la culpa es de hombres que no son como nosotros, de hombres gays, o bi, o trans, cuando en realidad ellos solo quieren vivir en unas condiciones mínimamente buenas. No es verdad que ellos sean los culpables de nuestra ruina.

Nosotros tenemos un montón de problemas independientemente de otras personas: nos cuesta comunicarnos y expresarnos, y eso nos genera dolor e impotencia. Tenemos una educación emocional y sexual paupérrima, nos jode que nos tosan y nos llamen la atención, y en muchas ocasiones nos encerramos en nuestro papel de líderes o maridos, y si no podemos ejercer como tales no sabemos qué hacer. Por otro lado, los niños son muy vulnerables (a acoso, bullying, maltrato…) y en definitiva la mayor parte de violencia hacia hombres viene de otros hombres. Estos son solo algunos ejemplos.

Yo creo que muchos hombres queremos ser mejores, y construir un mundo mejor. Un mundo mejor para las mujeres, para los niños de aquí y los niños de allí, para nosotros.

A veces se nos olvida, o nos parece que estamos solos, pero no está demás recordarlo y saber que no: hay otros muchos hombres que, como nosotros, queremos que esto avance y no retroceda.

Nosotros contra ellos: una mentira mil veces repetida

Lo vemos todos los días, en propaganda política, en redes sociales, en vídeos de YouTube: hay mensajes muy chungos que nos intentan interpelar poniendo en el centro nuestra identidad masculina, y lo hacen poniéndonos en frente a las mujeres, y a los inmigrantes, y a otros hombres que no son como nosotros. A mí hasta cierto punto me hace gracia: critican las “identidades” y para hacerlo apelan a una identidad: la del hombre heterosexual. ¡Te tienes que reír!

Nos dicen que las feministas “se están pasando” y que los inmigrantes “nos quitan el trabajo” y que la izquierda “solo se preocupa de tonterías, de huertos urbanos y de carriles bici”, y que nosotros, LOS HOMBRES NORMALES, tenemos que defender lo nuestro, lo verdaderamente importante.

Pero, ¿qué tontería es esta? Yo no quiero defender “lo mío” si defender “lo mío” implica joderle la vida al resto, a las mujeres, a hombres que no son como yo y al medio ambiente.

Yo no me los creo, y creo que muchos hombres no se los creen. Nos quieren hacer creer que SOLO ELLOS se preocupan por nosotros cuando es mentira, porque:

  1. No es cierto que “solo ellos” se preocupen de nuestros problemas. Los sindicatos y los trabajadores sociales que ayudan en la reinserción de presos sí que se preocupan de nuestros problemas como hombres. A otro perro con ese hueso.
  2. Ninguna solución a nuestros problemas como hombres puede pasar por encima de nadie. Pisar a los demás, que están machacados como yo, pa ponerme yo no es una opción. Para nadie debería serlo.

Porque nuestros intereses, los intereses de los hombres que queremos que todo esto mejore, son en gran parte comunes a los intereses de mujeres, a los intereses de los hombres de otros continentes y a los intereses de los linces ibéricos y las ballenas. Aunque vengan desde perspectivas diferentes, la idea es que todos vivamos mejor. No que unos pocos vivan mejor y el resto que se joda.

La solidaridad es un valor que tenemos por bandera.

¿Derogar la Ley de Violencia de Género? ¿Por qué? ¡Habría que ampliarla, hacerla mejor, destinar más fondos y hacerla más efectiva, porque más de 40 mujeres han sido asesinadas, oficialmente, por sus parejas o exparejas en lo que llevamos de 2018!

¿Expulsar inmigrantes? ¿Por qué? ¡Cada vez que un extranjero compra el pan el España, el IVA que paga financia nuestra sanidad! ¡Sus impuestos valen tanto como los nuestros! ¡Nativa y extranjera, la misma clase obrera! ¡Quien te quita tus derechos no es tu compañero, melón!

¿Hacer de la Mezquita de Córdoba una Catedral? ¿Por qué? ¡Si tanto les gusta España, que conozcan su historia y no inventen!

P’alante como los de Alicante

¿Qué más puedo decir? Construyamos un mundo mejor siendo mejor de lo que ya somos, avanzando cada día y sin perder de vista que solos no podemos, con amigas sí.

Arrimemos el hombro y no nos dejemos vencer por la desidia y la innacción. Les viene bien que nos dejemos vencer por la desidia y la innacción, así que no les demos esa satisfacción.

La lucha contra las concertinas y las vallas es nuestra lucha también; las reivindicaciones feministas y las mejoras laborales son nuestras luchas también; la sanidad pública, las escuelas públicas, las asociaciones de vecinos son nuestras aliadas.

Y sí, habrá que votar, cuando toque votar, a cualquiera opción que nos parezca buena y, como idea a tener siempre en mente, que no piense que habla por todos los hombres del mundo cuando suelta barrabasada tras barrabasada que, en realidad, solo apela a los más reaccionarios, a los que quieren conservar lo que ya tienen a costa de todos lo demás: por mí no hablan.

One thought on “Los hombres que queremos ser, el mundo que queremos construir

  1. Es demencial que los comumachos que pululan por Twitter (e imagino que otros muchos que pululan otras junglas) acusen a las feministas de haber contribuído al ascenso del fascismo (y de la derecha en general) por habernos ‘distraído’ con luchas que no son esenciales o tan siquiera importantes.

    Ante el sociópata y suicida modelo neoliberal en el que vivimos la única alternativa viable es el ecofeminismo, que propone un cambio civilizatorio que sobrepasa al marxista. ¿Que las feministas nos tocan las narices? Pues claro, nos obligan a salir de nuestra zona de confort de nuestros privilegios de género, bienvenidas sean sus teorías, campañas y visibilizaciones porque además del cambio colectivo es imprescindible una profunda transformación individual.

    No hay debates teóricos ni movimientos sociales masivos tan poderosos como los del feminismo. Seguir pensando en clave de clase es necesario, pero ese discurso cada vez tiene menos recorrido porque una administrativa o un ‘rider’ ya no se consideran parte de la clase ‘obrera’. Pero sí quieren tener acceso a sanidad, educación y servicios públicos de calidad. Y quieren contribuir a un mundo en el que la vida no sea una competencia descarnada, sino una cooperación estrecha, solidaria, sostenible. Yo también creo, como tú, que muchos hombres queremos contribuir a ese cambio y lo estamos haciendo en nuestro día a día, poco a poco, con pequeños actos, sumándonos a la revolución del buentrato y de los cuidados, con renuncias a nuestros privilegios (de género pero también de consumo), y ese cambio se lo debemos a las feministas.

    No es hora de poner en cuestión el feminismo. ¡Necesitamos más feminismo!

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