Sujetarle la puerta una mujer: GUÍA COMPLETA

¿Sujetarle la puerta a una mujer y cederle el paso es machista? ¡Qué pregunta! ¿Cómo va a ser eso machista? ¿Dónde está ahí el problema?

Lo que es machista es abrirle la puerta a una mujer por el mero hecho de que es una mujer. La caballerosidad, entendida como “tratar bien” a las mujeres (donde “tratar bien” significa hacer idioteces anacrónicas como pagar tú la cuenta, como si no tuviese su propio dinero, porque Es Tu Deber) es el problema.

Ahí sí que hay lío pero… ¿sujetarle la puerta a tu madre, que va cargada, es machista? ¿A la vecina del quinto, que cumplió 93 palos la semana pasada, es sujetarle la puerta machista? Tete, ¿no tienes na mejor sobre lo que reflexionar?

Cerrado el falso debate, vamos con:

Cómo sujetarle la puerta a una mujer: una guía para Soto Ivars, Pérez Reverte y para ti, que eres joven

sujetar

1. Sujétale la puerta.

El primer paso para sujetarle la puerta a una mujer es sujetarle la puerta a una mujer para que pase.

Idealmente, le estarás sujetando la puerta igual que se la estarías sujetando a un niño, a un viejo o a un grupo de jugadores de Pokémon Go que ya han capturado al Pikachu que había en tu portal y se piran ya a dar la turra a otro parque.

Vamos, que no le estás sujetando la puerta porque es una mujer, ¿verdad? Le estás sujetando la puerta porque eres educado, porque llegaste primero y pesa bastante o porque lleva las dos manos ocupada con las bolsas de la compra, igual que se lo harías al vecino bigotes que pone óperas a toda hostia los domingos por la mañana, ¿no?

2. Si no quiere que le cedas el paso, acéptalo.

Esta es otra de las cosas donde se suele fallar: la aceptación. La aceptación de que no todo el mundo va a hacer lo que nosotros queremos que haga o creemos que va a hacer. Es una movida pero cuanto antes empecemos, mejor.

A mí me parece que es lo que le ha pasado a Soto Ivars en su última columna. Estamos en la de siempre: las expectativas. No tenemos ni idea de qué estaba pensando la mujer que no quería pasar, pero el autor de la columna aventura heteropatriarcados y feminismos. ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo sabe que esa mujer estaba pensando “este es un casposo machista”? Ah, sí, porque leyó una página de “feminismo combativo” donde se decía eso (?). ¡Al menos en la aventura de Pérez-Reverte (luego hablaremos de esto) la mujer sí que le decían a las claras que pensaba que este gesto era machista!

Hazte la pregunta que nos hemos hecho antes. ¿Te jode que una mujer no acepte pasar mientras tú le sujetas la puerta… porque es una mujer? ¿Si el vecino bigotes te hubiese respondido “no, por favor, pasa tú primero” le hubieses dicho que no?

Si tu preocupación es la caballerosidad, yo creo que el gesto de dejar pasar, se culmine con que efectivamente la otra persona pase o no, ya está dejando claro que eres el PUTO AMO de la caballerosidad. Ya cumpliste. Si alguien no quiere pasar delante de ti, no se acaba el mundo. Simplemente, pasa tú. Ella también tiene derecho a ser educada y cederte el paso. No seas canelo.

3. ¿Y si me dice que ceder la puerta es machista?

¡Ajá! Pues aquí tenemos dos opciones: ser como Pérez Reverte o no ser como Pérez Reverte.

¡Ojo! Que no ser como Pérez Reverte tampoco te garantiza nada. Puedes no ser Pérez Reverte y liarlas igualmente.

En tu mano está, querido lector, aceptar o no aceptar que una persona te considere machista, aunque tú no hayas hecho nada para demostrarlo. Lo mismo sí lo eres, pero ella no lo sabe. Puede pasar.

Así, si le cedes el paso a una mujer y ella te dice “eso es machista” tú puedes agachar la cabeza y seguir con tu vida o Hacer Un Arturo y fliparte y sonreír con absoluto desprecio y creerte mejor que nadie porque no le abres la puerta por ella, sino por ti mismo, porque tú lo vales.

¿De verdad quieres ser Pérez Reverte?

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